Puedo salvarte la vida si quiero,
pero no creo tener el coraje de lidiar con tu otro vos.
De vez en cuando lloro y me gusta jugar a imaginarme que vos hacés lo mismo.
Tu silencio se convirtió en la respuesta que siempre necesité.
Ahora te miro y no te reconozco.
Estás lejos de todas las maneras y formas posibles.
No veo tus ojos y no siento tu voz.
No te siento.
Puedo ir a buscarte si quiero, pero eso sería estar hablando de amor.
Quisiera hacer silencio yo también.
No tengo muchas fuerzas para sostenerte.
Puedo llamarte si quiero y decirte las cosas más lindas del mundo.
De esas que te hacían sentir vivo.
Pienso en vos pero también te estoy dejando.
No sos esto que veo.
Puedo decirte que te quiero y que cada puta noche te abrazo a la distancia antes de cerrar los ojos.
Y que te extraño yo también.
Puedo salvarte la vida porque vos salvaste la mía.
Pero tal vez hubiese sido mejor que tu Metrocard no se rompa en ese exacto minuto.
Vos no sos este silencio.
Ya no sos.
Quizás nunca debería haberme ido.
Pero si todavía hay algo que pueda hacer, permitime ser quien pida algo esta vez.
No te vayas por favor.
Probablemente hoy sueñe con tus últimas palabras.
O con las mías.
Porque yo sí te quise.
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