miércoles, 13 de abril de 2011

P.F.A

Tengo una inquietud que se une al interés policial. No importa cuál sea su especificación. 
Cuando veo un uniformado por las calles de Buenos Aires, automàticamente comienzo a experimentar las tremendas sensaciones del poder, de la solemnidad, la firmeza.
Me sé atractiva.
En consecuencia de mi carácter provocativo (que nada tiene que ver en este caso con lo sexual), respiro suavemente mientras comienzo a mirarlos a los ojos para, de alguna manera, transmitirles que yo soy una màs de ellos. 
Es claro que no existió vez alguna en la que no haya quedado mal.
Pero continúo sin-verguenza. Levanto el mentón y sigo caminando, marcando una buena pisada, un caminar seguro, casi perfecto. 
Y así terminan esas historias.

Es obvio que en otra vida fui cana. Pero de las corruptas me parece.